HUELLAS AMARGAS

El sonreía esquivando mi mirada, yo lo veía sin pudor fingiendo alegría, sabiendo que en solo minutos se acabarían sus besos, sus caricias. Me acerqué de a poco, intentando no incomodarlo, intentando evitar que mis latidos apresurados delataran el miedo que surgía entre mis pestañas, disimulando el par de lágrimas que nacían inevitables entre mis párpados con la idea de verlo partir. Yo sabía que hoy todo terminaría, ya sabía que amanecería sola al pie de su adiós. 

Posó su mano sobre la mesa desierta, la miré indiscreta imaginándola pasear sobre mis caderas sudadas.  Imaginé sus uñas clavándose entre las papilas de mi lengua, imaginé su cuerpo frágil chocar insistente contra mi espalda, produciendo ese sonido orgásmico que rimaba armonioso con mis gemidos ahogados en rayos de luna serena.

El no decía nada, yo tampoco. El bar insistía en aturdir mis ideas. Mi cuerpo desganado se encorvaba resignado mientras mi mente parecía viajar distraída a un par de kilómetros. Ahí, en medio de un espejismo borroso, rompía el silencio, apagaba la música en un beso robado. Su barba crecida arrancaba hasta el último rastro de maquillaje remanente entre mis mejillas, limpiando a su paso las huellas amargas que dejaban mis lágrimas. Yo lo tomaba del cuello y acercaba su lengua a mi boca que se abría extasiada ante su forma eufórica de besar.

Cerré los ojos mientras su sexo sucumbía ante los pliegues sutiles de mi pelvis. Sus labios se abrieron y pronunciaron mi nombre cinco veces seguidas. Volteé la mirada y nuestras sábanas se deshicieron de prisa, su cuerpo desnudo se difuminó de inmediato mientras entendía que esta fantasía no duraría por siempre. De pronto mi sueño difuso se volvió un pesadilla tangible, y si, pronunció esas palabras a las que tanto les tenía miedo. Dejó caer su mano sobre la mía como quien regala un premio de consolación y se levantó sin esperar respuesta.  “Me tengo que ir” escuché como un susurro perdido mientras mis dedos bloqueaban mis tímpanos sin éxito. 

Si, él se fue y yo me quedé sentada esperándolo. Porque no me importa si esto me hace mas fuerte,  porque no me importa si el destino siempre tiene la razón,  porque no me importa la perfección del tiempo de dios ni de ninguna otra deidad.  Porque sólo necesitaba esperar que el reaccionara,  que abriera los ojos y se diera cuenta que aquí estaba yo, esperándolo,  extrañándolo,  ahogándome de a poco entre el humo de su cigarrillo a medio terminar, entre el pomo de su puerta a medio cerrar, entre el suspiro de su orgasmo a medio exhalar.

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  • hace 2 días

DEMASIADO TARDE

 

           Quisiera mirarte a los ojos y decirte que nunca tuve intenciones de entrar en tu vida, o mejor aún, reflejarme en tus pupilas y sentirlo, dejar que el corazón haga todo el trabajo y llenar mis ideas con la convicción de que se dicen muchas cosas idiotas hoy en día.

            No sé si podría mirarte a los ojos sin robarte un beso, en primer lugar. No sé si quizá esa charla melancólica se convierta en un orgasmo furtivo, en un gemido frustrado que no se planificó. No sé si al verte sonreirás con esa muesca de inocencia fingida que termina arrebatándome la ropa, desnudándome el alma. No sé si teniéndote en mi cama pueda juntar las migajas de valentía dispersa entre las sábanas sudadas, no sé ni siquiera si mi cuerpo mojado tenga el valor de pedirte que te vistas, que recojas tus abrazos, tus promesas gastadas, tus besos con sabor a otros perfumes, tus pensamientos parciales, tu tiempo dividido.

            Nunca supe cuando detenerte, incluso, ni siquiera supe frenar mi propia locura y ahora pareciera demasiado tarde para esquivar ese par de lágrimas que te acompañaran a la salida, ese trío de remordimientos rotos que dejarán rastros de tu piel entre mis almohadas, trozos de tristeza entre mi sonrisa.

 

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  • hace 1 semana
  • 1

ANIVERSARIO DE OLVIDO

Querida Paca:

            ¿Qué por qué te escribo? No tengo ni idea, no se si es el alcohol o el trasnocho pero llegué a mi casa con tu cara amarrada a los ojos, el nudo parece tan fuerte que ni siquiera durmiendo logré dejar de verte.

            Ha pasado un año desde aquel mensaje. ¿Te acuerdas? Fue la última vez que hablamos, habíamos discutido en aquel bar, tu estabas tomada, yo era un idiota, aún así te disculpaste, aún así te esperé, pero nunca volviste, nunca tus pasos se cruzaron de nuevo y terminé confundido esperándote a destiempo, rogando al cielo, al destino, y hasta a los astros que los minutos se consumieran mas de prisa porque al final del día pensaba en que solo el tiempo podría barrer este recuerdo sombrío de tus ojos.

            Creo que soy feliz. Después de buscarte en cada rostro, en cada lágrima, en cada fracaso, entendí que no todo era tu culpa, si no que también era tu derecho. No podía pretender amarrarte a una idea de vida perfecta que no encajaba dentro tu ideal de perfección. ¿Que fui muy intenso? Si, por supuesto que si, por eso te sigo escribiendo estas líneas heridas aún cuando ha pasado un año, aún cuando ya no me recuerdas, aún cuando tu perfume ya ni siquiera es una estela borrosa en mi cama. El punto es que creo que te amo, que no se como pasó pero me enamoré de un recuerdo despechado, de un par de lágrimas desgarradas y de una ilusión que no fue recíproca.

            Algo muy importante a saber, esta carta no tiene intención de rogarte el regreso, creo que ninguno de los dos podría aguantarlo, creo que prefiero seguir bailando la milonga lenta del desamor, de tu olvido. Creo… No, estoy seguro que me encariñé con el sonido estremecedor de tus pasos al alejarse, del silencio inminente de tus llamadas, creo que de lo que realmente me enamoré fue de buscar rastros de tu olor entre las personas que conocimos, entre los lugares que visitamos, entre las sábanas de aquel hotel que sintió tus gemidos aterrizar en los míos.

            Te confieso que antes de dormirme te pienso, y me doy la vuelta imaginando tu torso rozar mi espalda, cierro los ojos y tus brazos me cobijan mientras lágrimas amargas humedecen mis labios. Creo nunca fuiste mas que eso, un sueño, un sueño sostenido que me hacía cerrar los ojos muy fuerte por miedo a despertar. En tu regazo temí cada amanecer, cada rayo sol, pero no era su luz o su calor lo que me hacía temblar, era la idea de que se hiciera de día y al despertar no estuvieses ahí para sonreírme. ¿Al final qué? ¿De qué sirvió tanto miedo, tanto evitar la mañana? Al final amaneció y ya no estabas. El sol salió entre las montañas y no estuviste ahí para sentir su fuerza conmigo, al final nunca fue el amanecer, el nunca tuvo la culpa, fueron tus ojos ligeros, fue tu sueño superficial, fue mi ilusión desbocada.

            Se hace de día mientras celebro este aniversario de olvido, y aunque no lo creas, cada despertar miro tu lado de la cama imaginándote dormir desnuda y descubro que es mentira, cada día descubro que no estas, que el amanecer es solo mío, que el sol solo ilumina mis penas, y aunque sus rayos me recuerdan que te fuiste, su calor me regala a gritos veinticuatro horas renovadas para comenzar de nuevo, para extrañar tus pasos, para acostumbrarme a tu ausencia.

Te extraña de a ratos

Julián.

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  • hace 1 mes

Flagelo Gastado

Lo confieso,  tengo miedo a ser feliz, si Mario, asó como lo lees, me aterra levantarme un día y descubrir que mi tristeza se ha ido. Te estarás preguntando si me volví loco. Bueno, cuerdo del todo nunca he sido, eso no es secreto, pero esto va mas allá de un sentimiento desencajado en una noche lluviosa. 


          El punto es que después de verte quede impregnado de esa sensación idiota en la garganta, de  ese sabor a vainilla y sexo que se cuela entre mis encías y aterriza en medio de mi faringe, molestando a las mariposas impertinentes que habitan en mi tronco, que asustadas antes tus ojos revolotean desesperadas en medio de aires románticos y melancolía pedida. 

Suena bonito, ¿verdad?. Bonito no, precioso,  pero créeme que se siente terrible. Ese cólico inquieto pareciera anudarse en medio de mi ombligo y no se si correr al baño a vomitar o llamarte de golpe y decirte que te amo, que te acabo de conocer pero me volví dependiente, que no se quien eres o que piensas pero sueño con amanecer en tus brazos toda la vida. Ahí voy,  desviándome del tema central de nuevo. 

Fíjate Mario, yo, el gran hombre,  el rudo, el irreverente, el aventurero, soy una total mentira, incluso el cuerpo del que tanto presumo, es producto de los venenos que me inyecto a diario, yo, el hombre valiente soy mas bien un cobarde disfrazado de guerrero,  un miedoso irremediable que se esconde entre los intervalos de sus chistes desgastados. Me dan pánico los cambios,  la intriga del futuro,  el misterio indescifrable del destino me hace temblar hasta las uñas y termino temblando entre lágrimas como un niño indefenso que no consigue saciar su sed.

El problema Mario es que yo siempre encuentro a que o a quien culpar por mis desgracias, por mis problemas,  por mis frustraciones y esa es la única forma en que consigo vivir tranquilo,  miserable ¿no? Pero tranquilo por lo menos. Si me cambias de panorama me tocaría inventarme nuevos culpables y yo en eso de trabajar como minero resulto un fracasado, como en casi todo. 

No me entiendes ¿verdad? Claro que no, si ni yo mismo me entiendo, qué me vas a estar entendiendo tu.  Te voy a dar un ejemplo sencillo, no te pongas bruto, mira que está fácil.  Yo siempre fui flaco, pero muy muy muy flaco,  exageradamente flaco,  asquerosamente flaco, entonces todo era mas fácil. Cada vez que algo salía mal yo decía que era por culpa de mi peso escaso. Cuando Sebastián me dejó por descubrirme en la cama con otro, no admití haber sido un infiel asqueroso, obviamente no, yo simplemente dije “reconócelo Sebastián,  te da asco seguir de novio con este saco de huesos insípidos”. Así de descarado.  Entonces me hundía en llanto frente al espejo y entendía que no era yo el problema, si no mi cuerpo. El era el culpable de mis penas, de mis angustias.

Siempre pensé que al engordar todo sería diferente. Todos me querrían, el trabajo avanzaría mejor, en fin, la ciudad se arrodillaría en pleno ante el hombre mas exitoso y guapo del país. Sucedió entonces que comencé a inyectarme y lograr reflejar aquellos músculos de revista amarillista. Exhibiendo por las calles los trazos definidos de mi nueva armadura. ¿Algo cambió?  Bueno, mi cuerpo si y mucho,  pero de resto todo seguía igual,  salvo un par de miradas carnales y juegos sexuales en el baño de algún local, toda mi vida quedó igual.  Mis planes de ser una celebridad increíble se difuminaron de inmediato ante mis ojos incrédulos. Obviamente ni estaba mas feliz ni era mas exitoso. 

¿Y ahora? A que coño le hecho la culpa?  ¿te das cuenta? Por eso es que odio los cambios, no solamente estaba igual de desgraciado sino que ahora no tenia ni siquiera algo o alguien a quien culpar. 

Bueno Mario, ya ni se por qué te estoy escribiendo estas estupideces.  Ahhh, ya, sí, para espantarte, para que me leas y huyas despavorido con el miedo entre las cejas.  Para que corras en dirección contraria y me dejes aquí solo con mi amargura y la tristeza maldita que me hace el amor en las noches como una prostituta cansada que se harto de gemir en falso. Vete Mario, no vuelvas a llamarme, regálame el sufrir de un par de noches en vela llorando tu recuerdo y desaparécete como un patán silencioso que no sufre rompiendo corazones frágiles,  conviértete en ese nuevo motivo que acapare mi necesidad desesperada por disfrazar mi agonía, por defender mi locura. Ayúdame a olvidar que aún cuando mi corazón late a diario, mi alma celebra un par de aniversarios de muerte.

 Antonio Iskandar Morine

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  • hace 1 mes

En tiempos de tormenta, donde parecieran sobrar las razones, de parte y parte, para reclamar la tierra prometida, niños lloran en silencio, ignorando entre lágrimas el cauce político/religioso de la sangre de sus padres, de sus hermanos, de su pueblo. Pasan los años y aunque el éxodo de Egipto se difumina como un recuerdo borroso plasmado entre páginas gastadas, el estallido de las bombas sigue malgastando mil vidas por cada mandamiento. La paz se vuelve como una añoranza lejana, como una esperanza frustrada en medio una lucha antigua que pareciera nunca cansarse, que se cuela como una sombra maldita entre los sueños de palestinos y el pueblo de Israel. Al final del día solo el dolor se mantiene en vela, al caer la noche no habrá bando ganador y es que de todas todas, vale mas cualquier quimera que un trozo de tela triste.

GENESIS 12
1 Yahvé dijo a Abram: Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré.
2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición.
7 Yahvé se apareció a Abram y le dijo: ¨A tu descendencia he de dar esta tierra¨

Abraham, padre de tres religiones. Tres diferentes caminos unidos en un mismo dios, en una misma fe monoteísta, unidos en una misma guerra.

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  • hace 1 mes

COMING SOON

Abrió los ojos despacio en medio de un sol incandescente que se colaba sin prisa entre los pliegues cansados de sus párpados. Se detuvo un segundo para recordarlo, para imaginarse que nada había cambiado, para sentir que el seguía siendo aquel soñador de la sonrisa cobarde, para pretender que ella era todavía la princesa del vestido negro. Su aura magenta se contaminaba inminente en medio del caos sangriento de sus besos, de sus caricias, de su laberinto sin puerta que la hacía caminar en círculos constantes sin rumbo, sin dirección.

Cuanto sueño hubo fue olvidado, cuanta esperanza de sonrisa se desvaneció paulatina mientras el la despojaba de su ropa, de su inocencia. Ella lloraba pero no sufría. El moría pero seguía feliz y cuando temor surgió entre sus manos terminó por aplastarse entre rayos de luna y boleros animados.

 La trenza se tejía confusa, y sus cruces se desmarañaban incompletas en medio de una ciudad que parecía sucumbir ante sus labios, ante su tristeza ahogada eclipsada por aquel anillo lila.

 Una historia que se tambalea entre ondas irracionales de miedo que pareciera guiarte en medio del desamor, del brillante y complejo sentimiento que hace girar al mundo.

ANTONIO ISKANDAR MORINE

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  • hace 1 mes

ODA CIRCULAR INCONFORME

Hoy, en una noche de vientos pausados un oftalmólogo venezolano grita frustrado por mudarse a escribir poemas genéricos en Copenhague. Del otro lado del continente una bailarina argentina ansía desesperada modelar entre las aceras de New York mientras el pianista peruano añora nostálgico su puesto de mesero en Montevideo. Las estrellas brillantes atan cabos en la distancia, escuchando tranquilas el llanto eufórico de un periodista mexicano que se arrepiente de no haber terminado el sacerdocio en Barcelona. Amanece en el mediterráneo mientras un banquero suizo prepara un desayuno inglés pensando en volverse un comerciante modesto en Ciudad de Panamá. El oleaje incansable de la costa vasca moja los pies de una enfermera rusa que cierra los ojos con fuerza imaginándose una vida incandescente sirviendo tragos en Split mientras un cantante noruego la contempla recordando sus ganas reprimidas de gritarle al mundo su homosexualidad. Es hora de almuerzo en la Universidad de Hong Kong, un profesor de matemáticas repasa integrales anhelando consagrarse como artista en el museo del Louvre y justo en la mesa de al lado un escritor danés sueña con viajar a Suramérica para convertirse en un oftalmólogo afamado.

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  • hace 1 mes

Violencia: la rutina peligrosa

          No es secreto para nadie la inestabilidad social  y económica que atraviesa, desde hace un par de años, nuestro país. En respuesta, como causa, efecto o consecuencia, la población venezolana se mantiene víctima de una situación de inseguridad inminente que pareciera azotar, como un vil verdugo, la psique de cada uno de sus habitantes. En respuesta, las entes gubernamentales parecieran tomar medidas sutiles que no logran, siquiera, eclipsar el peligro inevitable que acompaña el acontecer diario del pueblo, quien desgraciadamente se termina acostumbrando a promesas disipadas entre palabras ficticias que no terminan siendo respaldadas por acciones palpables.

            Vemos entonces, con el mayor de los miedos, con la mayor frustración, como el hampa y la anarquía se apodera de cada uno de los rincones de nuestro territorio, atravesando, sin escrúpulos, las rejas de nuestras casas e incluso de nuestro sitios de trabajo.

            Como médico venezolano, me levanto orgulloso apoyado a diario por aquel juramento hipocrático que emanó emocionado entre lágrimas, comprometiendo mi ejercicio profesional al bienestar de un país sediento por atención de salud. Hoy, entre latidos taquicardicos y heridas violentas, me indigno al observar como la medicina en este país sufre una metamorfosis macabra que la convierte en un deporte de alto riesgo, donde, entre dudas y tropiezos, te debates a diario contra la posibilidad de ser tu la próxima victima que ingrese al servicio de emergencia mientras intentas realizar tu trabajo.

            Las palabras fácilmente se evaporan, los documentos fácilmente se rompen, y al final del día, somos nosotros, los que enfrentamos a diario al groso de la población enferma del país, quienes sufrimos resignados las consecuencias de un plan de gobierno que se desgarra a girones, de irresponsabilidad gerencial que transforma en caos el desenvolvimiento laboral de los galenos.

            Es tiempo de reaccionar de forma definitiva, repudiando de manera contundente la ausencia de responsabilidad y garantía en seguridad los venezolanos. Ya hemos tenido suficiente violencia en los últimos años como para pretender hacer la vista gorda y seguir andando sin pausa en medio del caos de sangre en el que se convierten a diario nuestras calles. Llego el momento de abandonar las aceras, de salir de los cuartos donde hemos estado escondidos por tanto tiempo, es momento de adueñarnos de las calles, de volvernos un potencia de cambio que exige en acciones, respuestas inmediatas a la catástrofe gerencial de la que somos victimas, es intolerante hacer del miedo parte de la rutina diaria e inaceptable hacernos la idea de que en cualquier momento podría ser cualquiera de nosotros el futuro ingreso de una sala de autopsia.  

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  • hace 7 meses

DESPUES DE SANTIAGO (El Regreso de un Peregrino)

          Suena por segunda vez el despertador, son pasadas las 6 de la mañana y ahora si llegó el momento de levantarse, despertar a los otros y arreglarse para caminar otros 30km hasta Santiago. Los pies hinchados con un par de ampollas, las rodillas y tobillos crujiendo con cada paso al caminar y por supuesto, mi mas fiel compañera, la querida GRAN mochila de los 16kg. Hace frío pero no hay nubes. El cielo todavía oscuro pero se pronostica un paisaje soleado para el resto del día. Un par de tazas de café americano grande, el pasamontañas en la cabeza para saltarse el paso de arreglarse el cabello, las linterna (frontoluz) encendidas y en marcha.

            El mas difícil siempre es el primer paso. Caminas despacio luchando contra el sueño y los hombros, tambaleándote con la duda y la eterna pregunta de ¿por qué, si no he comprado nada, la mochila pesa mas en cada minuto?

          Dejas atrás la noche, los albergues, las duchas, las iglesias y a los peregrinos. Estas andando, con una rodilla herida y un bastón de avellano que alivia, intermitente, la articulación contra lateral. Abandonas la carretera y la flecha amarilla señala el inicio del sendero, una cuesta empinada y sola que pareciera no acabarse nunca. Las hojas, caídas por las brisas del otoño, acarician resignadas la textura de las primeras nevadas, los arroyos sucumben ante el frio del invierno y nos brindan una pista resbalosa de hielo fresco. ¨Buen Camino Peregrino¨, se escucha a lo lejos, y una anciana de sonrisa tímida saluda por entre las ventanas de alguna casa en alguna aldea gallega.

           ¿Por qué hiciste el Camino de Santiago? La respuesta nunca es fácil, para ninguno de los peregrinos. Religión, deporte, turismo, cultura, curiosidad e incluso una mezcla de todas. Ahora, una pregunta que en mi opinión personal suena mucho mas interesante ¿Por qué quedarse a vivir en el Camino?

           Entre copas de vino tinto, tartas de Santiago y vasos de Cerveza pasan en frente historias floridas y variadas, personajes agrupables según personalidad o filosofía. Hay en particular una gama que me gusta llamar ¨Los Peregrinos Eternos¨, personas como tu o como yo que partieron un día al Camino de Santiago, por motivos religiosos, deportivos, culturales, turísticos, o simplemente huyendo de una realidad caótica que parecía arrebatar cualquier posibilidad de paz o alegría, y al final, pasados los días, dejados atrás los pueblos y albergues, ellos continuaron peregrinando por años, buscando entre arboles y desiertos ese motivo, ese detonante que devolviera a sus vidas el motor de paz para despertarse cada amanecer.

            El Camino de Santiago te libera, mientras lo haces, de complejos, tabúes, vergüenza, tristeza y amargura, y es que es precisamente ahí, en medio de la nada, rodeado por hojas danzantes y viento silbante, cuando te das cuenta que todos los seres humanos, sin importar raza, religión, condición sexual o edad, todos buscamos lo mismo, paz y un par de sonrisas con las que despertar cada mañana, el resto son solo artificios que creamos para decorar una vanidad que al final de cuenta poco frutos rinde. 

            Llega el gran momento, ese en el que entre lagrimas vislumbras las torres inmensas de la catedral de Santiago de Compostela, el momento en el que entre emoción y nostalgia anticipada subes los peldaños de las escaleras para dar el gran abrazo al apóstol. Te secas las lágrimas, sostienes aquel bastón desgastado y miras atrás, ahí están, una hilera llena de peregrinos ahogados en la mas feliz melancolía, un centenar de historias cruzadas que se despiden entre idiomas diversos y ciudades lejanas con la promesa del regreso. Te quedas solo, sigues el reflejo de aquel altar cristiano bañado en oro y es cuando inevitablemente te preguntas ¿Y ahora que?

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               Si, caminar mas de 25km diarios atravesando senderos, cargar una mochila que lucha con tu cuerpo por mantenerse guindada, soportar la brisa fría del invierno colándose entre tus ropas, es una prueba de resistencia y sobretodo de fe, de fe en ti mismo, pero existe en mi opinión algo mucho mas difícil aún, y ahí mi disyuntiva con ¨Los Peregrinos Eternos¨, esa prueba de fe, esa prueba de confianza y de estima propia se llama volver al mundo real. Y es que básicamente la vida de un peregrino es bastante simple, la mayor preocupación discurre entre el clima y las ampollas dolorosas, entre la pregunta eterna de ¨¿cuanto faltara para el próximo pueblo?¨ y el muy clásico ¨muero de hambre¨, pero es aquí, en el mundo real, en el retorno a casa cuando realmente pones a prueba toda esa estima, confianza y fe que profesas haber ganado entre las montañas españolas.

             Alguna vez escuche decir ¨El Camino comienza en casa¨, y si al caso vamos, el camino es un trayecto en circulo que, inevitablemente, debería regresarte de vuelta.

              La paz no es un tesoro que deba buscarse entre hojas caídas y recuerdos en ceniza. Así, un día como hoy o como mañana, te das cuenta que el sol siempre brillo, de repente, abres los ojos y descubres que entre las ramas muertas de algún arbusto siempre se cuela algún rayo de luz que te devuelve esa sonrisa que, desde hace algún tiempo, extrañabas al verte al espejo. 

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  • hace 7 meses

Put On a Happy Face

          No es un secreto, que crecemos idealizando la vida ¨color de rosa¨ que pinto Walt Disney en sus animaciones, o que una constante exposición a las historias románticas del cine y la literatura nos vuelve adictos a ese mundo alegre en el que armónicamente viven sus personaje. Lamentablemente no siempre es asi. No importa si se atribuye al amor, el trabajo, o simplemente la sociedad anárquica en la vivimos, pero la tristeza es un mal habitante que se instaló entre nosotros y nos perturba, de a ratos, como enemigo publico.

 

            Existen psicólogos, psiquiatras, amigos y familiares, todos ayudan, pero nunca, NUNCA, se puede ni se debe subestimar el poder de la música para coser corazones rotos. Ya lo dijo Friedrich Nietzsche (y esta frase está bien trillada también) ¨Sin música la vida sería un error¨ y en ocasiones, cuando faltan esperanzas hasta para hablar, algún cantante tendrá bajo la manga una estrofa, un acorde o algún silbido para animarnos.

 

            Alguna vez lei por internet una cita de E.T.A. Hoffmann quien afirmaba que  La música empieza donde se acaba el lenguaje¨ entonces, precisamente ese instrumento que va mas alla del lenguaje puedo lograr sacarnos de ese foso oscuro.¨

¨El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla¨ decía Robert Browning, pero como mi intención no es comenzar hacer ¨copy-paste¨ de frases musicales googleadas, aca les dejó ¨Put On a Happy Face¨, una recopilación de temas que de securo les roban un par de sonrisas.

 

PUT ON A HAPPY FACE - DESCARGAR (MEDIAFIRE)

1.    Put on a Happy Face – Tony Bennett

2.    Smile – Josh Groban

3.    Let it Be – The Beatles

4.    Para morir de Amor – Rosana

5.    Get Happy/Happy Days are here Again – Barbra Streisand con Judy Garland

6.    Sanar – Jorge Drexler

7.    Never Give Up – Robin Thicke

8.    Beautiful Day – U2

9.    Brave – Idina Menzel

10. Don´t Worry, Be Happy – Bobby Mcferrin  

11. Lost – Michael Bubble

12. The Impossible Dream – Andy Williams

13.  Don´t Rain on my Parade – Barbra Streisand

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  • hace 1 año
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